Durante décadas, el plástico ha sido retratado como un material del futuro, una solución universal de la modernidad. Ligero, resistente, versátil. Ahora, en medio de la crisis climática y la realidad de el materia, estoy viendo algunas voces intentando reposicionarlo como un “aliado ambiental”, lo que me genera mucho ruido porque son representantes fuertes de reciclaje y protección del medio ambiente, que no deberían de presentar este tipo de posturas.
Pero… ¿puede un material responsable de millones de toneladas de contaminación marina, salvaje y que se encuentra de manera permanente en alimentos y órganos, ser realmente aliado del planeta?
Se tiene que desmenuzar esta narrativa. Ya que hay omisiones estratégicas en los datos presentados, una estrategia de marketing y narrativas sobre una solución sistemática.

¿Aliado, o maquillaje bien hecho?
Es cierto: el PET es reciclable. También: México a mejorado su acopio. Y sí, hay plásticos que reducen el desperdicio alimentario o su eficiencia logística. Pero de eso a llamarlo “aliado” del medio ambiente hay un largo trecho.
Razon:
El plástico no desaparece. Ni cuando se recicla. Ni cuando se lo das al señor de la basura y lo ignoras. Hoy, el 91% del plástico producido a nivel global jamás se ha reciclado. Y gran parte del PET reciclado terminas convertido en productos no reciclables… vaya ironía: textiles, empaques laminados, cuerdas, alfombras… mismos productos que no continuarán con la cadena de reciclaje, si no en el mar o algún vertedero. ¿Aliado? Más bien, un huésped tóxico que no sabemos desalojar.
Decir que “el plástico tiene baja huella”, sin decir “comparado con qué”
Por años ha existido el discurso de que el plástico “es más eficiente” que otros materiales suelen omitir marcos de referencia contundentes.
¿Más eficiente que qué? ¿Que el vidrio de un solo uso(o que cuenta con más microplásticos)? ¿Que el cartón no certificado? Y sobre todo: ¿Es más eficiente que evitar empaques desde el diseño del producto? Que transportar más productos sin embalar, en sistemas de distribución en granel o refil, usar retornables, generar sistemas de distribución local o reutilización masiva.
El diseño sistemático y circular no está considerado en la ecuación.

No se trata de vivir sin plásticos.
Se trata de no producir más del que no podemos manejar.
Vivimos en un mundo saturado de plásticos, y en el que somos codependientes, en alimentos, productos de aseo, limpieza, tecnología, y aún así no generamos ningún cambio de posturas desde el diseño. Ya existe suficiente plástico en océanos, el aire y en nuestros propios cuerpos.
La solución no es reemplazar todos los envases mañana, ni atacar al consumidor por “no tirar bien la botella”.
El reto es reducir la producción de nuevos plásticos, integrar alternativas regenerativas —aunque cuesten más al inicio— y reconstruir los sistemas de consumo desde la raíz.
Decir que: El plástico es “amigable si lo tiras bien” es como decir que un coche es ecológico solo de bajada y con precaución. Esta carga no puede seguir recayendo en el consumidor final. La responsabilidad “compartida” no se está aplicando y utilizando de manera adecuada, no existen sistemas de recopilación, campañas permanentes y acceso a espacios locales para una adecuada gestión de residuos. Necesitamos que las empresas se responsabilicen, que la ley exija y la invasión pública apueste por rediseñar la economía material.
¿Por qué insistimos en defender y “arreglar” un sistema roto?
Sigue siendo más fácil producir una botella nueva que recolectar, reciclar y volver a transformar una existente.
Porque el reciclaje no es infinito. Porque es costoso. Porque el sistema no está hecho para cerrar el ciclo.
Entonces, no. El plástico no es un aliado.
Puede ser útil, sí. Puede tener un papel en la transición, también.
Pero no podemos romantizar al contaminante más persistente de la historia moderna.
¿Qué podemos hace?
- Invertir en materiales alternativos (sí, incluso si hoy tienen una mayor huella inicial)
- Rediseñar envases y sistemas de distribución para eliminar el uso innecesario
- Aprobar leyes de responsabilidad extendida del productor
- Proteger al consumidor del greenwashing que lo responsabiliza de un problema estructural
- Revalorizar lo duradero, lo reparable, lo retornable
La economía circular no es recolectar un poquito más de PET.
Es preguntarnos por qué diseñamos los productos para desecharlos.
Y si el plástico es tan útil, entonces que lo sea: usémoslo para durar, no para tirar.
Un aliado del planeta no termina flotando en el mar o enterrado por siglos.
Un verdadero aliado no necesita relaciones públicas, solo coherencia.
Y hoy, la narrativa del “plástico ecológico” sirve más al status quo que al medio ambiente.
¿Seguiremos comprando esa historia?

