No se puede hacer negocio en un planeta muerto. O bueno, solo algunos.
Aunque suene drástico, la frase empieza a parecer cada vez menos exagerada. Porque si algo ha quedado claro en los últimos años —y los datos lo confirman— es que sin naturaleza no hay economía.
El capital natural, ese concepto muchas veces ignorado en balances contables y reportes de inversión, representa todos los bienes y servicios que la Tierra nos brinda gratis: agua limpia, polinización de cultivos, suelos fértiles, clima estable, pesca, madera, plantas medicinales. Es decir: todo lo que sostiene a la economía… sin cobrar un peso.
Y sin embargo, lo estamos agotando, destruyendo, incendiando y ocupando para plantaciones de agave, aguacate, café e incluso oro.
La biodiversidad está desapareciendo. Y con ella, la estabilidad económica.
Hoy, nos encontramos en una situación crítica: la naturaleza se consume más rápido de lo que puede regenerarse, y los recursos no renovables ni siquiera se reciclan lo suficiente. Esta pérdida de biodiversidad no solo amenaza los ecosistemas, también pone en peligro la seguridad alimentaria, las finanzas públicas, los fondos de pensiones y la estabilidad de los mercados.
La razón es simple: la economía depende completamente de la naturaleza. Pero como la biodiversidad no tiene un precio visible, las decisiones económicas suelen ignorarla. Lo que no se mide, no se gestiona… y lo que no se protege, se pierde.
¿Cuánto cuesta ignorar la biodiversidad?
En la lógica del mercado, los precios guían nuestras decisiones. Pero si la biodiversidad no tiene precio, el incentivo para protegerla desaparece. Resultado: se sobreexplotan los recursos, se contaminan ecosistemas enteros, y se desperdician servicios ecosistémicos que sostienen nuestra vida diaria.
Por ejemplo, el 80% de la pérdida de biodiversidad global está relacionada con cómo producimos y consumimos alimentos. Y si la biodiversidad sigue cayendo, ni siquiera podremos garantizar seguridad alimentaria.
¿Cuál es la salida?
No hay una única solución mágica. Pero hay una certeza: la inacción es más cara que actuar.
- Necesitamos redirigir la economía hacia modelos regenerativos y circulares: donde el valor de los recursos naturales se considere desde el diseño, no como un daño colateral.
- Los gobiernos deben liderar, creando regulaciones que no solo castiguen el daño ambiental, sino que recompensen la protección de la naturaleza, tal como ya se hace con los pagos por servicios ecosistémicos.
- El sector privado no puede quedarse atrás. Se necesitan nuevos productos, cadenas de suministro más responsables, métricas ambientales realistas, y sí, una forma de ponerle precio al valor de la biodiversidad.
- Y tú y yo también. Desde nuestras decisiones de consumo, nuestros votos y nuestras voces.
Una transición inevitable, y urgente
Transformar el sistema productivo hacia uno más sostenible va a requerir costos iniciales. Quizá sí se debiliten algunas finanzas públicas en el corto plazo. Pero el costo de no actuar es infinitamente mayor: una economía sin agua, sin alimentos, sin suelo fértil, sin salud pública, sin estabilidad financiera.
Gran parte de la actividad económica está directamente vinculada a la naturaleza e, indirectamente, casi toda la economía nacional vive y respira al ritmo de la naturaleza. -lo escuché por ahí-
Y sin oxigeno, simplemente no hay economía que aguante.
La biodiversidad necesita aliados, no espectadores
Necesitamos cooperación, investigación, regulación, educación, innovación… y sentido común. Porque proteger la naturaleza no es solo una causa ambiental: es una estrategia económica de supervivencia.
Si queremos seguir hablando de crecimiento, productividad y mercados… primero aseguremos que haya planeta donde operar.
Porque al final del día, si la naturaleza (termina de) colapsa, colapsamos con ella. La economía no flota en el vacío. Flota sobre ríos, bosques, insectos, clima y suelos vivos. Y hoy, están en riesgo.
Estamos, desarrollando, produciendo, consumiendo y tirando a costa de ella, como si fuera infinita, no lo es, es renovable y cada vez esta capacidad disminuye.

